jueves, 28 de junio de 2018

Un espacio de encuentro, un momento para ti


martes, 29 de mayo de 2018

El camino del patriarcado (post antiguo)

por error he borrado esta entrada; la vuelvo a compartir ;)


A poco de que empiece el Día Internacional de las Mujeres...


Un camino trazado, gastado, sabido. Un camino recorrido una y mil veces, un camino que parece que tenemos delante cuando en realidad lo tenemos dentro: desde nuestra más tierna socialización en este patriarcado (que ya está durando demasiado), se ha ido configurando este sendero hasta quedar perfectamente trazado. Sabemos que poniendo ahí nuestros pies estaremos en el camino seguro, lejos de la incertidumbre que vive en las veredas de la senda. 


Siendo hoy la víspera del 8 de Marzo, dedicándome a la terapia y al acompañamiento de niños y niñas (en sus más tiernos años de la infancia) pienso, ¿cuántos de nuestros malestares, de los patrones que nos mueven en la infelicidad, no estarán directamente relacionados con esta sociedad patriarcal en la que vivimos? Durante nuestro crecimiento y socialiación, en las relaciones que establecemos con los demás (especialmente con las personas adultas significativas) comenzamos a poner en práctica, entrenando una y otra vez, las diferentes herramientas y estrategias que nos permiten caminar por la vida recibiendo amor. Amor que siendo niñas y niños llega a través de la atención, la aceptación, la presencia, el encuentro... Niños y niñas que percibiendo que el amor llega condicionado a lo que se espera de ellos y ellas comienzan a usar diferentes expresiones y formas de relación, a jugar unos roles que se irán perfeccionando y que siendo diferentes para cada persona se pueden agrupar sin embargo entre los que se corresponden a lo deseable para los varones y lo deseable para las mujeres. Esos roles se aprenden, se ven, se notan y se validan, construyendo otro sendero nuevo, cada uno el suyo; bien trazado y en los márgenes lo sospechoso. 


Tenemos tan impregnados estos valores, comenzaron a colarse tan dentro y tan pronto en nuestra vida que infinidad de veces al día no los vemos ni en nuestra vida entre adultos y adultas ni en nuestras relaciones con peques. ¿Nos asalta la culpa a las mujeres cuando nos damos prioridad a nosotras mismas (una de esas cosas que vivien en el margen del sendero...) y siendo incapaces de sostenerla volvemos al camino del cuidado del otro? ¿Esperamos lo mismo de los niños que de las niñas? ¿Puede un hombre manifestar su amor hacia un amigo sin temor a burlas o juicios? ¿Nos moviliza igual la expresión de la ternura en los niños y las niñas? ¿Y la ira? ¿Tratamos igual sus cuerpos? Con nosotros y nosotras no lo hicieron, seguro. A veces más evidente, a veces más sutil el mensaje fue calando, reproduciendo un mismo


Afortunadamente, con la lucha de tantas y tantas feministas, el camino quizá tiene otra forma, quizá incluye algo que antes resultaba imposible rescatar de los márgenes. Tomando conciencia podemos favorecer una socialización más respetuosa y plural, en la que el amor siempre esté disponible y no condicionado a los roles que unos y otros debemos representar. 


Contra el patriarcado y por su extinción, entrenamiento y toma de conciencia.  


...si quieres te acompaño en este camino que es tan necesario desandar, con urgencia...


(ya no es la víspera; ya es 8 de marzo. La lucha continúa).

miércoles, 25 de abril de 2018

Autoridad


Siendo unos de los oficios el acompañamiento de peques, son muchas las ocasiones en que me paro a pensar en la autoridad: ¿cómo la vivo? ¿cómo la ejerzo y cómo la ejercieron siendo yo niña? Siendo adulta y cuidadora de peques me coloco en el lugar que me corresponde: autoridad. Y me hago cargo de la misma: decido, limito, permito...

La palabra autoridad es muy pesada y en muchas ocasiones produce rechazo. A mí me pasaba y por no querer nombrarla claramente y ejercerla como tal buscaba adornarla, distraer de la importancia del momento, endulzarla, hacer sugerencias que no eran tales... Los resultados, nada recomendables: amenazas veladas, chantajes emocionales más o menos sutiles, manipulación...

Con el tiempo he visto que autoridad es claridad; como autoridad decido, limito y permito y hago saber esto con la mayor claridad posible: si ya he tomado una decisión, no pregunto y doy opciones sino que informo; si no permito hacer-usar-ir-tratar a alguien o algo de alguna determinada forma, no lo permito; si doy permiso para algo, lo doy sin dobleces, procurando evitar los dobles mensajes (siempre tan confusos...). Después llega la otra parte: la hospitalidad (acogida y comprensión) de la reacción del otro u otra ante ese ejercicio de autoridad. Muy probablemente no esté en absoluto de acuerdo con nuestra postura. Y está en su derecho de mostrar su oposición y de que ésta sea escuchada.

Autoridad como adulta responsable, con toda la confianza que las familias depositan en mí para estar a cargo de niños y niñas dependientes. No es que por ser adulta sea más que ellos; es que como adulta asumo la responsabilidad que me corresponde, y esa pasa por reconocerme como autoridad. Entonces, ¿qué quiero hacer con ella? Me parece una importante reflexión para quienes estamos con peques: ¿cómo queremos jugar esta carta (de la que no nos podemos escaquear)? ¿cómo queremos poner límites, enunciar normas, vivir los ritmos y rutinas cotidianos? ¿cómo les tratamos cuando desobedecen u opinan diferente? ¿cómo de sólida es nuestra autoridad? ¿cómo nos perciben? ¿cuánto de fiables somos? Y reflexionando de forma más interna: ¿Cómo ejercemos la autoridad con nosotras y nosotros mismos? ¿cómo nos tratamos cuando algo no nos sale como queremos? ¿somos flexibles o implacables? ¿estamos a favor de nuestros deseos o quedan en un segundo plano?

La maduración implica dejar de mirar a los adultos para tener una guía de por donde y cómo ir en la vida para pasar a tener un adulto propio, un criterio propio. En la elaboración de éste se desechan algunas cosas, se desaprende, se elige cuáles de las normas y mandatos aprendidos a través de nuestra socialización nos valen y queremos conservar y cuáles ya no nos satisfacen. Podemos observar cómo nos tratamos y cómo nos gustaría hacerlo, responsabilizarnos de nuestra vida y decidir ponernos a favor de nuestra existencia. Quizá nos venga bien algo más de disciplina, o de indulgencia, o de un firme compromiso con nuestros deseos.

Estar en contacto con niños y niñas, haciéndonos cargo de lo que significa ser autoridad para ellos, es una excelente oportunidad para el propio desarrollo y conocimiento. No solo resultará ventajoso para quien reflexiona, sino que repercutirá en las criaturas que tenga a su alrededor. Nuestra vida es nuestra responsabilidad, y en gran medida también la de las niñas y los niños con quienes compartimos la vida.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Uno no puede ser sino lo que es en cada momento

Recordar de pronto una frase de Francisco Peñarrubia leída en "Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil" me ayuda a encajar las piezas del puzzle: "uno no puede ser sino lo que es en cada momento". ¿Qué piezas son esas? El proceso terapéutico y el desarrollo de niños y niñas. ¿Cuál es el puzzle? El desarrollo humano, el despliegue de la persona, el crecimiento... Seres con ritmos, necesidades y herramientas distintas, en permanente desarrollo.

Desde que nacemos hasta el momento presente estamos en constante cambio: todo nuestro organismo se transforma, sin excusa ni tregua, sin perder tiempo. También nuestras necesidades, deseos o prioridades, así como nuestra capacidad cognitiva. Seres en constante cambio que sin embargo no podemos ser algo distinto a lo que somos en cada momento; cada instante cambiará, será sucedido por otro y la situación quizá nos demande otra cosa. En esa nueva situación, de nuevo, no podremos ser nada diferente a lo que somos.

Las piezas las puzzle...
Comenzar un proceso de terapia suele estar motivado por un profundo malestar: la vida se tiñe en muchas ocasiones de bloqueo, frustración, miedo, profunda tristeza, ansiedad, confusión, sensación de pérdida del rumbo vital. Se sabe que hay algo que no termina de funcionar, que las herramientas conocidas y disponibles no resuelven las complicadas situaciones diarias con las que se teje la vida, o no las resuelven de forma satisfactoria. En mayor o menor medida estos ingredientes que producen malestar, sufrimiento y estorban en la consecución de una vida feliz producen también el deseo de cambiar, de ser o actuar de una forma distinta a la conocida, de poder aprenderla inmediatamente. Y eso no es posible, porque "uno no puede ser sino lo que es en cada momento".
¿Qué es entonces la terapia? ¿qué sentido tiene si en cada situación estaremos siendo lo único que podemos ser? ¿no es posible un cambio, una alternativa a lo ya conocido?
Sin duda esa alternativa llega, pero primero y ante todo, el camino terapéutico empieza por un profundo conocimiento propio, de nuestra forma de caminar por la vida, de reconocer las estrategias con que contamos. Y asumir que eso es lo que somos en ese momento. 
El sentido de la terapia radica en el aprendizaje, en el viaje interior; un viaje hacia uno mismo.

Este camino de autoconocimiento a veces puede resultar arduo, doloroso, inquietante... También hay momentos llenos de poder, belleza y gratitud. Para todas las posibles facetas de este caminar es importante contar con el respeto como aliado porque "uno no puede ser sino lo que es en cada momento".

En el proceso de aprendizaje y desarrollo de niños y niñas sucede esto mismo: están siendo lo único que pueden ser en cada momento. Sin duda pueden aprender diferentes habilidades, practicar distintas soluciones y adoptar nuevas actitudes, pero en cada uno de esos momentos, son lo único que pueden ser y recurren a lo que saben que funciona: las oleadas de llanto, la potente rabia, la negativa a compartir, no decir nunca que no, hablar con tono quejumbroso, amenazador o conciliador, el chiste y la risa nerviosa para hacer frente a situaciones de tensión...
Será responsabilidad de las personas adultas que tengan a su alrededor ofrecer alternativas  para que tengan a su disposición un repertorio amplio de herramientas que favorezcan su desarrollo completo, sano, satisfactorio. Y antes de esa oferta de alternativas está el reconocimiento de la validez de las estrategias previas: estas diferentes formas de afrontar la vida han tenido sentido, han sido útiles, les han permitido sobrevivir.


En ninguno de los casos se trata de adoptar una actitud resignada, o eludir la responsabilidad  de buscar distintas opciones cuando son necesarias; se trata de ver y reconocer el punto en el que se está para así saber qué se necesita, qué recursos se tienen y cuáles faltan,  y efectivamente (con todo ese conocimiento) emprender un nuevo camino en el que de nuevo uno no podrá ser sino lo que sea en cada momento. 

¿Por qué repito tantas veces el título? Porque teniendo en cuenta que, tal y como repite mucho una amiga mía, hacemos lo que podemos, soltaremos un poco de carga de la mochila de la exigencia, la expectativa, la culpa y el castigo. Mejor nos irá (tanto siendo los protagonistas del camino terapéutico como acompañantes del proceso de desarrollo de alguno o varios peques) si tenemos una mirada amorosa, curiosa y paciente hacia quienes aprenden algo nuevo.

Respeto absoluto a los procesos de desarrollo, sean de adultos que buscan una vida más satisfactoria, sana y plena o de peques que conquistan columpios, comparten juegos con sus iguales y aprenden a atarse los cordones.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Niñas y niños de su presente

Se suele decir que las niñas y niños de hoy son el futuro. Y esto es un sí, y es un no. Niñas y niños lo son de su presente, es su día a día lo que les pertenece. A todas las personas nos pertenece nuestra cotidianidad, pero a los adultos se nos difumina entre los quehaceres, las planificaciones, los recuerdos y el estrés. Nos desconectamos. A las niñas y a los niños aún no les sucede tal cosa: viven en su presente, un instante sucediendo a otro.

Sin duda, si la vida puede seguir transcurriendo, estas criaturas disfrutarán de su futuro. Y seguirá siendo principalmente eso, suyo. Formarán parte de diferentes grupos, de una sociedad, de una o varias familias... Lo harán de la forma que elijan, en la medida que puedan. Con las actividades que desarrollen en diferentes ámbitos tendrán repercusiones en la vida de otras personas, quizá en la organización y economía de los estados a los que pertenezcan, en la transmisión de los valores sociales y culturales a siguientes generaciones...
Y siendo cierto de que formarán parte de la sociedad futura, a veces nos olvidamos de su presente, de su día a día, de cada uno de los momentos que viven intensamente. Tanto nos fijamos en su participación en la vida de los próximos años que muchas veces les ponemos una carga enorme a su espalda: son el futuro, son la esperanza. Cuando decimos esto, ¿de qué estamos hablando? ¿Estamos hablando de que nos paguen las pensiones o de que establezcan relaciones respetuosas, cuidadosas y honestas? ¿Nos referimos a que se hagan responsables de nuestras vejeces y nuestras enfermedades? ¿O estamos queriendo eludir nuestra responsabilidad en el necesario cambio de sociedad, pretendiendo que sean ellas y ellos quien, en su futuro, lo hagan?
Dejando de verles presentes y fantaseando en cómo formarán parte de la sociedad del mañana, les responsabilizamos con algo que no están eligiendo. De tanto pensar en ese futuro, no nos permitimos acompañar su día a día a través de su mirada, pendientes de su ritmo... y les vamos aleccionando para que aprendan a formar parte de algo que aún ni siquiera conocen.

Estoy plenamente convencida de que realizar un cambio en los patrones sociales y culturales es imprescindible; es una responsabilidad de las personas adultas, no de niñas y niños, y es además una responsabilidad ineludible teniendo en cuenta el panorama actual: vivimos en un mundo donde se vulneran los derechos humanos constantemente, se desprecia y descuida la naturaleza, fomentamos un ocio de consumo, naturalizamos la violencia en las relaciones, nos desconectamos de nuestra propia vida emocional y corporal para entrar a formar parte de la cadena que perpetúa todo esto. Es momento (siempre lo es) de poner conciencia a cómo nos relacionamos, cómo vivimos, y de pararnos a ver si llevamos la vida que queremos. De la misma forma en que decía que las niñas y los niños tienen derecho a vivir su presente, las personas adultas tenemos el derecho y la responsabilidad de vivir el nuestro. Nuestra vida es nuestra responsabilidad.

Por otro lado, asumiendo la posibilidad que serán ellas y ellos quienes construyan el futuro de los seres humanos, ¿les estamos dando efectivamente herramientas o modelos para que puedan hacer un cambio en la sociedad? Somos las adultas quienes presentamos el mundo a los pequeños y...
... si ofrecemos la televisión sin filtro (con su información sesgada, su publicidad, sus modelos de relación en series y películas), conectada permanentemente;
... si chantajeamos o premiamos con la alimentación como "herramienta educativa";
... si no nos paramos a escuchar con interés que se aburren en el colegio, o que allí no se sienten bien, o que no entienden qué hacen allí;
... si nos burlamos cuando se caen, o no dejamos que se caigan nunca;
... si confundimos autoridad con autoritarismo, o amor con permisividad;
... si somos incapaces de acompañar sus procesos de desarrollo sin dirigir cada uno de sus pasos, sin castigar sus deseos, sin validar sus opiniones;
... si no somos capaces de poner límites o sostenerlos;
... ¿qué futuro crearán? Seguramente no difiera mucho de este presente enfermo en el que estamos, del que nos quejamos y queremos que ellos cambien porque para nosotros ya es muy difícil. Ellos y ellas que aún no están condicionados, que son más puros, seguro que lo tienen más fácil. Como en cualquier caso tendrán su propio proceso de socialización de la mano de las personas adultas que tengan alrededor, ¿qué tal si somos nosotras y nosotros quienes realizamos una reflexión, una toma de conciencia? ¿qué tal si les proveemos de herramientas y modelos que permitan otra vida?
No es cuestión de realizar clases magistrales de cómo debería ser el mundo, sino de cuestionarnos, de parar a pensar y elegir, cada día, formas de relación que favorezcan la felicidad y el desarrollo de cada una de las personas inmersas en dicha relación. Somos responsables de favorecer un entorno que facilite un despliegue de toda su persona, con salud, con amor, con autonomía, con respeto. No hay necesidad de mirar al futuro; reflexionando y eligiendo qué presente queremos, cómo queremos vivir y compartir, cómo nos queremos comunicar en cada momento, ya estamos cultivando para el mañana.

Todo eso sucede hoy, el camino siempre empieza ahora.