Escribiendo me comprometo conmigo misma y con mi aprendizaje: reviso ideas, las ordeno, desmonto y vuelvo a estructurar. Ahora, además, comparto mi mirada acerca de las dos grandes pasiones de mi vida, pasiones cuyas raíces se entrelazan y retroalimentan cada día: la terapia gestalt y el acompañamiento respetuoso de niñas y niños.
jueves, 28 de junio de 2018
Un espacio de encuentro, un momento para ti
Me acerqué a los estudios de Psicología sabiendo que quería ayudar a las personas que lo necesitaran y cursé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid centrándome en la rama social y educativa. Comencé mi andadura profesional en el ámbito de la intervención social, haciendo caso a la gran vocación de trabajar con niñas y niños. Años de pasión, reflexión, aprendizaje...
Me acerqué después, como paciente, al espacio terapéutico; conocí y viví la terapia gestalt en mi propia piel. Supe que esa era la forma en la que quería trabajar, la base en la que apoyarme para ofrecer un espacio de terapia. Así, comencé la formación en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt.
Gracias a la oportunidad de compaginar esta formación con mi trabajo como cuidadora de niñas y niños (maestros del Aquí y Ahora), las pedagogías activas y la crianza respetuosa se hicieron hueco en mí. Las raíces de estas dos pasiones (la terapia gestalt y una mirada amorosa a la infancia) se enriquecen mutuamente cada día.
Soy consciente de que para poder realizar un buen acompañamiento y cuidado a otras personas necesito una sólida base de cuidado y conocimiento propios; en ese camino estoy.
martes, 29 de mayo de 2018
El camino del patriarcado (post antiguo)
por error he borrado esta entrada; la vuelvo a compartir ;)
A
poco de que empiece el Día Internacional de las Mujeres...
Un
camino trazado, gastado, sabido. Un camino recorrido una y mil veces,
un camino que parece que tenemos delante cuando en realidad lo
tenemos dentro: desde nuestra más tierna socialización en este
patriarcado (que ya está durando demasiado), se ha ido configurando
este sendero hasta quedar perfectamente trazado. Sabemos que poniendo
ahí nuestros pies estaremos en el camino seguro, lejos de la
incertidumbre que vive en las veredas de la senda.
Siendo
hoy la víspera del 8 de Marzo, dedicándome a la terapia y al
acompañamiento de niños y niñas (en sus más tiernos años de la
infancia) pienso, ¿cuántos de nuestros malestares, de los patrones
que nos mueven en la infelicidad, no estarán directamente
relacionados con esta sociedad patriarcal en la que vivimos? Durante
nuestro crecimiento y socialiación, en las relaciones que
establecemos con los demás (especialmente con las personas adultas
significativas) comenzamos a poner en práctica, entrenando una y
otra vez, las diferentes herramientas y estrategias que nos permiten
caminar por la vida recibiendo amor. Amor que siendo niñas y niños
llega a través de la atención, la aceptación, la presencia, el
encuentro... Niños y niñas que percibiendo que el amor llega
condicionado a lo que se espera de ellos y ellas comienzan a usar
diferentes expresiones y formas de relación, a jugar unos roles que
se irán perfeccionando y que siendo diferentes para cada persona se
pueden agrupar sin embargo entre los que se corresponden a lo
deseable para los varones y lo deseable para las mujeres. Esos roles
se aprenden, se ven, se notan y se validan, construyendo otro sendero
nuevo, cada uno el suyo; bien trazado y en los márgenes lo
sospechoso.
Tenemos
tan impregnados estos valores, comenzaron a colarse tan dentro y tan
pronto en nuestra vida que infinidad de veces al día no los vemos ni
en nuestra vida entre adultos y adultas ni en nuestras relaciones con
peques. ¿Nos asalta la culpa a las mujeres cuando nos damos
prioridad a nosotras mismas (una de esas cosas que vivien en el
margen del sendero...) y siendo incapaces de sostenerla volvemos al
camino del cuidado del otro? ¿Esperamos lo mismo de los niños que
de las niñas? ¿Puede un hombre manifestar su amor hacia un amigo
sin temor a burlas o juicios? ¿Nos moviliza igual la expresión de
la ternura en los niños y las niñas? ¿Y la ira? ¿Tratamos igual
sus cuerpos? Con nosotros y nosotras no lo hicieron, seguro. A veces
más evidente, a veces más sutil el mensaje fue calando,
reproduciendo un mismo
Afortunadamente,
con la lucha de tantas y tantas feministas, el camino quizá tiene
otra forma, quizá incluye algo que antes resultaba imposible
rescatar de los márgenes. Tomando conciencia podemos favorecer una
socialización más respetuosa y plural, en la que el amor siempre
esté disponible y no condicionado a los roles que unos y otros
debemos representar.
Contra
el patriarcado y por su extinción, entrenamiento y toma de
conciencia.
...si
quieres te acompaño en este camino que es tan necesario desandar,
con urgencia...
(ya
no es la víspera; ya es 8 de marzo. La lucha continúa).
Etiquetas:
patriarcado,
socialización
Me acerqué a los estudios de Psicología sabiendo que quería ayudar a las personas que lo necesitaran y cursé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid centrándome en la rama social y educativa. Comencé mi andadura profesional en el ámbito de la intervención social, haciendo caso a la gran vocación de trabajar con niñas y niños. Años de pasión, reflexión, aprendizaje...
Me acerqué después, como paciente, al espacio terapéutico; conocí y viví la terapia gestalt en mi propia piel. Supe que esa era la forma en la que quería trabajar, la base en la que apoyarme para ofrecer un espacio de terapia. Así, comencé la formación en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt.
Gracias a la oportunidad de compaginar esta formación con mi trabajo como cuidadora de niñas y niños (maestros del Aquí y Ahora), las pedagogías activas y la crianza respetuosa se hicieron hueco en mí. Las raíces de estas dos pasiones (la terapia gestalt y una mirada amorosa a la infancia) se enriquecen mutuamente cada día.
Soy consciente de que para poder realizar un buen acompañamiento y cuidado a otras personas necesito una sólida base de cuidado y conocimiento propios; en ese camino estoy.
miércoles, 25 de abril de 2018
Autoridad
Siendo unos de los
oficios el acompañamiento de peques, son muchas las ocasiones en que
me paro a pensar en la autoridad: ¿cómo la vivo? ¿cómo la ejerzo
y cómo la ejercieron siendo yo niña? Siendo adulta y
cuidadora de peques me coloco en el lugar que me corresponde:
autoridad. Y me hago cargo de la misma: decido, limito, permito...
La palabra autoridad es
muy pesada y en muchas ocasiones produce rechazo. A mí me pasaba y
por no querer nombrarla claramente y ejercerla como tal buscaba
adornarla, distraer de la importancia del momento, endulzarla, hacer
sugerencias que no eran tales... Los resultados, nada recomendables:
amenazas veladas, chantajes emocionales más o menos sutiles,
manipulación...
Con el tiempo he visto
que autoridad es claridad; como autoridad decido, limito y permito y
hago saber esto con la mayor claridad posible: si ya he tomado una
decisión, no pregunto y doy opciones sino que informo; si no permito
hacer-usar-ir-tratar a alguien o algo de alguna determinada forma, no
lo permito; si doy permiso para algo, lo doy sin dobleces, procurando
evitar los dobles mensajes (siempre tan confusos...). Después llega
la otra parte: la hospitalidad (acogida y comprensión) de la
reacción del otro u otra ante ese ejercicio de autoridad. Muy
probablemente no esté en absoluto de acuerdo con nuestra postura. Y
está en su derecho de mostrar su oposición y de que ésta sea
escuchada.
Autoridad como adulta
responsable, con toda la confianza que las familias depositan en mí
para estar a cargo de niños y niñas dependientes. No es que por ser
adulta sea más que ellos; es que como adulta asumo la
responsabilidad que me corresponde, y esa pasa por reconocerme como
autoridad. Entonces, ¿qué quiero hacer con ella? Me parece una
importante reflexión para quienes estamos con peques: ¿cómo
queremos jugar esta carta (de la que no nos podemos escaquear)? ¿cómo
queremos poner límites, enunciar normas, vivir los ritmos y rutinas
cotidianos? ¿cómo les tratamos cuando desobedecen u opinan
diferente? ¿cómo de sólida es nuestra autoridad? ¿cómo nos
perciben? ¿cuánto de fiables somos? Y reflexionando de forma más
interna: ¿Cómo ejercemos la autoridad con nosotras y nosotros
mismos? ¿cómo nos tratamos cuando algo no nos sale como queremos?
¿somos flexibles o implacables? ¿estamos a favor de nuestros deseos
o quedan en un segundo plano?
La maduración implica
dejar de mirar a los adultos para tener una guía de por donde y cómo
ir en la vida para pasar a tener un adulto propio, un criterio
propio. En la elaboración de éste se desechan algunas cosas, se
desaprende, se elige cuáles de las normas y mandatos aprendidos a
través de nuestra socialización nos valen y queremos conservar y
cuáles ya no nos satisfacen. Podemos observar cómo nos tratamos y
cómo nos gustaría hacerlo, responsabilizarnos de nuestra vida y decidir ponernos a favor de nuestra existencia. Quizá nos venga bien algo
más de disciplina, o de indulgencia, o de un firme compromiso con
nuestros deseos.
Estar en contacto con
niños y niñas, haciéndonos cargo de lo que significa ser autoridad
para ellos, es una excelente oportunidad para el propio desarrollo y
conocimiento. No solo resultará ventajoso para quien reflexiona,
sino que repercutirá en las criaturas que tenga a su alrededor.
Nuestra vida es nuestra responsabilidad, y en gran medida también la
de las niñas y los niños con quienes compartimos la vida.
Me acerqué a los estudios de Psicología sabiendo que quería ayudar a las personas que lo necesitaran y cursé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid centrándome en la rama social y educativa. Comencé mi andadura profesional en el ámbito de la intervención social, haciendo caso a la gran vocación de trabajar con niñas y niños. Años de pasión, reflexión, aprendizaje...
Me acerqué después, como paciente, al espacio terapéutico; conocí y viví la terapia gestalt en mi propia piel. Supe que esa era la forma en la que quería trabajar, la base en la que apoyarme para ofrecer un espacio de terapia. Así, comencé la formación en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt.
Gracias a la oportunidad de compaginar esta formación con mi trabajo como cuidadora de niñas y niños (maestros del Aquí y Ahora), las pedagogías activas y la crianza respetuosa se hicieron hueco en mí. Las raíces de estas dos pasiones (la terapia gestalt y una mirada amorosa a la infancia) se enriquecen mutuamente cada día.
Soy consciente de que para poder realizar un buen acompañamiento y cuidado a otras personas necesito una sólida base de cuidado y conocimiento propios; en ese camino estoy.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Uno no puede ser sino lo que es en cada momento
Recordar
de pronto una frase de Francisco Peñarrubia leída en "Terapia
Gestalt. La vía del vacío fértil" me ayuda a encajar las
piezas del puzzle: "uno no puede ser sino lo que es en cada
momento". ¿Qué piezas son esas? El proceso terapéutico y el
desarrollo de niños y niñas. ¿Cuál es el puzzle? El desarrollo
humano, el despliegue de la persona, el crecimiento... Seres con
ritmos, necesidades y herramientas distintas, en permanente
desarrollo.
Desde
que nacemos hasta el momento presente estamos en constante cambio:
todo nuestro organismo se transforma, sin excusa ni tregua, sin
perder tiempo. También nuestras necesidades, deseos o prioridades, así como nuestra capacidad cognitiva. Seres en constante cambio que
sin embargo no podemos ser algo distinto a lo que somos en cada
momento; cada instante cambiará, será sucedido por otro y la
situación quizá nos demande otra cosa. En esa nueva situación, de
nuevo, no podremos ser nada diferente a lo que somos.
Las piezas las puzzle...
Comenzar
un proceso de terapia suele estar motivado por un profundo malestar: la vida se
tiñe en muchas ocasiones de bloqueo, frustración, miedo, profunda
tristeza, ansiedad, confusión, sensación de pérdida del rumbo
vital. Se sabe que hay algo que no termina de funcionar, que las
herramientas conocidas y disponibles no resuelven las complicadas
situaciones diarias con las que se teje la vida, o no las resuelven
de forma satisfactoria. En mayor o menor medida estos ingredientes
que producen malestar, sufrimiento y estorban en la consecución de
una vida feliz producen también el deseo de cambiar, de ser o actuar
de una forma distinta a la conocida, de poder aprenderla
inmediatamente. Y eso no es posible, porque "uno no puede ser
sino lo que es en cada momento".
¿Qué
es entonces la terapia? ¿qué sentido tiene si en cada situación
estaremos siendo lo único que podemos ser? ¿no es posible un
cambio, una alternativa a lo ya conocido?
Sin
duda esa alternativa llega, pero primero y ante todo, el camino
terapéutico empieza por un profundo conocimiento propio, de nuestra
forma de caminar por la vida, de reconocer las estrategias con que
contamos. Y asumir que eso es lo que somos en ese momento.
El sentido de la terapia radica en el aprendizaje, en el viaje interior; un viaje hacia uno mismo.
El sentido de la terapia radica en el aprendizaje, en el viaje interior; un viaje hacia uno mismo.
Este
camino de autoconocimiento a veces puede resultar arduo, doloroso,
inquietante... También hay momentos llenos de poder, belleza y
gratitud. Para todas las posibles facetas de este caminar es
importante contar con el respeto como aliado porque "uno no
puede ser sino lo que es en cada momento".
En
el proceso de aprendizaje y desarrollo de niños y niñas sucede esto
mismo: están siendo lo único que pueden ser en cada momento. Sin
duda pueden aprender diferentes habilidades, practicar distintas
soluciones y adoptar nuevas actitudes, pero en cada uno de esos
momentos, son lo único que pueden ser y recurren a lo que saben que funciona: las oleadas de llanto,
la potente rabia, la negativa a compartir, no decir nunca que no, hablar con tono quejumbroso, amenazador o conciliador, el chiste y la risa nerviosa para hacer frente a situaciones de tensión...
Será responsabilidad de las personas adultas que tengan a su alrededor ofrecer alternativas para que tengan a su disposición un repertorio amplio de herramientas que favorezcan su desarrollo completo, sano, satisfactorio. Y antes de esa oferta de alternativas está el reconocimiento de la validez de las estrategias previas: estas diferentes formas de afrontar la vida han tenido sentido, han sido útiles, les han permitido sobrevivir.
En ninguno de los casos se trata de adoptar una actitud resignada, o eludir la responsabilidad de buscar distintas opciones cuando son necesarias; se trata de ver y reconocer el punto en el que se está para así saber qué se necesita, qué recursos se tienen y cuáles faltan, y efectivamente (con todo ese conocimiento) emprender un nuevo camino en el que de nuevo uno no podrá ser sino lo que sea en cada momento.
¿Por
qué repito tantas veces el título? Porque teniendo en cuenta que,
tal y como repite mucho una amiga mía, hacemos lo que podemos, soltaremos
un poco de carga de la mochila de la exigencia, la expectativa, la
culpa y el castigo. Mejor nos irá (tanto siendo los protagonistas
del camino terapéutico como acompañantes del proceso de desarrollo
de alguno o varios peques) si tenemos una mirada amorosa, curiosa y paciente
hacia quienes aprenden algo nuevo.
Respeto absoluto a los procesos de desarrollo, sean de adultos que buscan una vida más satisfactoria, sana y plena o de peques que conquistan columpios, comparten juegos con sus iguales y aprenden a atarse los cordones.
Etiquetas:
desarrollo,
respeto,
terapia
Me acerqué a los estudios de Psicología sabiendo que quería ayudar a las personas que lo necesitaran y cursé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid centrándome en la rama social y educativa. Comencé mi andadura profesional en el ámbito de la intervención social, haciendo caso a la gran vocación de trabajar con niñas y niños. Años de pasión, reflexión, aprendizaje...
Me acerqué después, como paciente, al espacio terapéutico; conocí y viví la terapia gestalt en mi propia piel. Supe que esa era la forma en la que quería trabajar, la base en la que apoyarme para ofrecer un espacio de terapia. Así, comencé la formación en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt.
Gracias a la oportunidad de compaginar esta formación con mi trabajo como cuidadora de niñas y niños (maestros del Aquí y Ahora), las pedagogías activas y la crianza respetuosa se hicieron hueco en mí. Las raíces de estas dos pasiones (la terapia gestalt y una mirada amorosa a la infancia) se enriquecen mutuamente cada día.
Soy consciente de que para poder realizar un buen acompañamiento y cuidado a otras personas necesito una sólida base de cuidado y conocimiento propios; en ese camino estoy.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Niñas y niños de su presente
Se
suele decir que las niñas y niños de hoy son el futuro. Y esto es
un sí, y es un no. Niñas y niños lo son de su presente, es su día
a día lo que les pertenece. A todas las personas nos pertenece
nuestra cotidianidad, pero a los adultos se nos difumina entre los
quehaceres, las planificaciones, los recuerdos y el estrés. Nos
desconectamos. A las niñas y a los niños aún no les sucede tal
cosa: viven en su presente, un instante sucediendo a otro.
Sin
duda, si la vida puede seguir transcurriendo, estas criaturas
disfrutarán de su futuro. Y seguirá siendo principalmente eso,
suyo. Formarán parte de diferentes grupos, de una sociedad, de una o
varias familias... Lo harán de la forma que elijan, en la medida que
puedan. Con las actividades que desarrollen en diferentes ámbitos
tendrán repercusiones en la vida de otras personas, quizá en la
organización y economía de los estados a los que pertenezcan, en la
transmisión de los valores sociales y culturales a siguientes
generaciones...
Y
siendo cierto de que formarán parte de la sociedad futura, a veces
nos olvidamos de su presente, de su día a día, de cada uno de los
momentos que viven intensamente. Tanto nos fijamos en su participación en la
vida de los próximos años que muchas veces les ponemos una carga
enorme a su espalda: son el futuro, son la esperanza. Cuando decimos
esto, ¿de qué estamos hablando? ¿Estamos hablando de que nos
paguen las pensiones o de que establezcan relaciones respetuosas,
cuidadosas y honestas? ¿Nos referimos a que se hagan responsables de
nuestras vejeces y nuestras enfermedades? ¿O estamos queriendo
eludir nuestra responsabilidad en el necesario cambio de sociedad,
pretendiendo que sean ellas y ellos quien, en su futuro, lo hagan?
Dejando
de verles presentes y fantaseando en cómo formarán parte de la
sociedad del mañana, les responsabilizamos con algo que no están
eligiendo. De tanto pensar en ese futuro, no nos permitimos acompañar
su día a día a través de su mirada, pendientes de su ritmo... y
les vamos aleccionando para que aprendan a formar parte de algo que
aún ni siquiera conocen.
Estoy
plenamente convencida de que realizar un cambio en los patrones
sociales y culturales es imprescindible; es una responsabilidad de
las personas adultas, no de niñas y niños, y es además una
responsabilidad ineludible teniendo en cuenta el panorama actual:
vivimos en un mundo donde se vulneran los derechos humanos
constantemente, se desprecia y descuida la naturaleza, fomentamos un
ocio de consumo, naturalizamos la violencia en las relaciones, nos
desconectamos de nuestra propia vida emocional y corporal para entrar
a formar parte de la cadena que perpetúa todo esto. Es momento
(siempre lo es) de poner conciencia a cómo nos relacionamos, cómo
vivimos, y de pararnos a ver si llevamos la vida que queremos. De la
misma forma en que decía que las niñas y los niños tienen derecho
a vivir su presente, las personas adultas tenemos el derecho y la
responsabilidad de vivir el nuestro. Nuestra vida es nuestra
responsabilidad.
Por
otro lado, asumiendo la posibilidad que serán ellas y ellos quienes
construyan el futuro de los seres humanos, ¿les estamos dando
efectivamente herramientas o modelos para que puedan hacer un cambio
en la sociedad? Somos las adultas quienes presentamos el mundo a los
pequeños y...
...
si ofrecemos la televisión sin filtro (con su información sesgada,
su publicidad, sus modelos de relación en series y películas),
conectada permanentemente;
...
si chantajeamos o premiamos con la alimentación como "herramienta
educativa";
...
si no nos paramos a escuchar con interés que se aburren en el
colegio, o que allí no se sienten bien, o que no entienden qué
hacen allí;
...
si nos burlamos cuando se caen, o no dejamos que se caigan nunca;
... si confundimos autoridad con autoritarismo, o amor con permisividad;
... si confundimos autoridad con autoritarismo, o amor con permisividad;
...
si somos incapaces de acompañar sus procesos de desarrollo sin
dirigir cada uno de sus pasos, sin castigar sus deseos, sin
validar sus opiniones;
... si no somos capaces de poner límites o sostenerlos;
... si no somos capaces de poner límites o sostenerlos;
...
¿qué futuro crearán? Seguramente no difiera mucho de este presente
enfermo en el que estamos, del que nos quejamos y queremos que ellos
cambien porque para nosotros ya es muy difícil. Ellos y ellas que
aún no están condicionados, que son más puros, seguro que lo
tienen más fácil. Como en cualquier caso tendrán su propio proceso
de socialización de la mano de las personas adultas que tengan
alrededor, ¿qué tal si somos nosotras y nosotros quienes realizamos
una reflexión, una toma de conciencia? ¿qué tal si les proveemos
de herramientas y modelos que permitan otra vida?
No
es cuestión de realizar clases magistrales de cómo debería ser el
mundo, sino de cuestionarnos, de parar a pensar y elegir, cada día,
formas de relación que favorezcan la felicidad y el desarrollo de
cada una de las personas inmersas en dicha relación. Somos
responsables de favorecer un entorno que facilite un despliegue de
toda su persona, con salud, con amor, con autonomía, con respeto. No
hay necesidad de mirar al futuro; reflexionando y eligiendo qué
presente queremos, cómo queremos vivir y compartir, cómo nos
queremos comunicar en cada momento, ya estamos cultivando para el
mañana.
Todo
eso sucede hoy, el camino siempre empieza ahora.
Me acerqué a los estudios de Psicología sabiendo que quería ayudar a las personas que lo necesitaran y cursé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid centrándome en la rama social y educativa. Comencé mi andadura profesional en el ámbito de la intervención social, haciendo caso a la gran vocación de trabajar con niñas y niños. Años de pasión, reflexión, aprendizaje...
Me acerqué después, como paciente, al espacio terapéutico; conocí y viví la terapia gestalt en mi propia piel. Supe que esa era la forma en la que quería trabajar, la base en la que apoyarme para ofrecer un espacio de terapia. Así, comencé la formación en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt.
Gracias a la oportunidad de compaginar esta formación con mi trabajo como cuidadora de niñas y niños (maestros del Aquí y Ahora), las pedagogías activas y la crianza respetuosa se hicieron hueco en mí. Las raíces de estas dos pasiones (la terapia gestalt y una mirada amorosa a la infancia) se enriquecen mutuamente cada día.
Soy consciente de que para poder realizar un buen acompañamiento y cuidado a otras personas necesito una sólida base de cuidado y conocimiento propios; en ese camino estoy.
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