domingo, 12 de agosto de 2018

Pensamientos inpiradores... Claudio Naranjo

Estar frente a otra persona, estar presente con otra persona...

Estar en relación, un encuentro en el que se revelan esas peculiaridades, esas acciones aparentemente insignificantes... Efectivamente para mí es una especie de milagro. Estar, con los ojos y las ganas de ESTAR con el otro o la otra, de observar y conocer esas particularidades, esos movimientos únicos, esas expresiones... Casi algo solemne en estos descubrimientos. Estar y observar, distinto de esperar, juzgar, comentar, imitar, sugerir... Dejarse sorprender.

Estar presente, dejando que la existencia y presencia del otro baile con la mía. Un regalo, un milagro, que me maravilla recibir y presenciar. 

Presencia, acompañamiento. estar y ser. 

domingo, 29 de julio de 2018

Adultos anclas




Adultos - anclas




Será que es verano y se me ocurren metáforas relacionadas con el mar...
Será que convivir con peques me inspira...

Todo es pasajero. Los momentos cambian, unos instantes suceden a los anteriores, las emociones vienen, las albergamos y desaparecen... Mutan, todo cambia. Sabemos que pasarán los momentos difíciles, eufóricos, excitantes y aburridos. Pasarán, pero primero pasan. 


Todo lo que pasa, se pasa. Pero antes de dejar paso, pasa. 


Y siempre pasa aquí y ahora, el territorio natural de los niños. El Ahora puede parecer eterno, intenso, pesado, insufrible... Dada la incomodidad de experimentarlo buscamos (adultos y adultas) formas de distraernos: planificamos, recordamos, imaginamos, nos preocupamos, comparamos y juzgamos. Y jugamos demasiado a que "todo pasa". Y esto, que no deja de ser verdad, no es lo mejor que podemos ofrecer a niñas y niños.

Los y las peques necesitan tierra firme, arraigamiento, sostén de su experiencia, apoyo cierto y fiable. Un ancla. 

Nuestra experiencia nos dice también esto otro, esta verdad que como adultos y adultas hemos ido conociendo: todo pasa. No la usemos para restar crédito a "nuestros" peques, a su vivencia presente, esa emoción que aparece, sienten y manifiestan. Usemos este conocimiento en nuestro propio beneficio recordando por ejemplo que tras una tarde muy difícil amanece un día nuevo, que tras la euforia llegará el descanso, que el llanto no es para siempre y que las obras en la casa de los vecinos que tanto complican los momentos de dormir se acabarán. Velaje que podemos usar a nuestro favor según sople el viento.


Es nuestro menester sabernos ancla y vela, tierra y aire. Que las mareas nos lleven. 





martes, 24 de julio de 2018

Pensamientos inspiradores... Truman Capote














miércoles, 11 de julio de 2018

Pensamientos inspiradores... Rebeca Wild


Si aún no conoces el trabajo de Rebeca y Mauricio Wild, te recomiendo que te asomes a él a través de cualquier libro de ella, Rebeca Wild. En ellos se refleja la forma en que primero El Pesta y luego El León Dormido nacieron y se desarrollaron de la mano de este matrimonio.

 La lectura de "Libertad y límites. Amor y respeto. Lo que los niños necesitan de nosotros" me resultó chocante, absorbente, emocionante y llena de amor. A partir de ese momento ya nada ha sido igual. 

Rebeca Wild murió el 1 de  noviembre de 2015. El León Dormido sigue adelante, su legado está vivo.

lunes, 2 de julio de 2018

El placer (o porque me da la gana)






Tengo derecho a mis deseos. No a realizar todos mis deseos. Pero si partimos de que el deseo es inmoral, que el deseo es maldad, que es pecaminoso, no podremos alcanzar la conciencia y estaremos reforzando la represión.


Guillermo Borja. La locura lo cura.


Del placer, las obligaciones y cómo nos tratamos con estos temas. 


Cogiendo y comiendo ciruelas
Venimos a este mundo con muy pocas herramientas, tan escasas como eficaces: buscamos placer, evitamos displacer. Premisas muy sencillas para sobrevivir. Nuestro cuerpo está constantemente bailando entre la tensión y la relajación. Si todo está satisfecho y resuelto estamos en calma; si alguna necesidad empieza a pujar y necesita ser satisfecha entramos en tensión, necesaria para ir hacia aquello que nos devolverá al estado de reposo. Según cual sea la necesidad que emerge y nuestras posibilidades "ir hacia ello" puede ser llorar pidiendo alimento, ir corriendo a saludar a una amiga, seguir preguntando un poco más acerca de lo que se está aprendiendo, participar de la preparación de la comida, gritar y patalear que se quiere seguir durmiendo, recorrer el propio cuerpo o buscar otro con el que compartir el placer del contacto físico...

Cuando somos niños y niñas nos enfrentamos muchas veces a la imposibilidad de satisfacer necesidades y deseos cuándo, cómo y dónde aparecen... Como canta Drexler, "la vida es más compleja de lo que parece" y la socialización (sin la que ninguno estaríamos aquí), implica que vayamos recortando de aquí, coartando por allá, modulando la expresión de nuestros deseos de forma que nos sigamos sintiendo queridos y seguros. Vemos además cómo las obligaciones y deberes son protagonistas de la vida de los adultos y pronto comienzan a estar presentes también en las rutinas infantiles: horarios, tareas escolares, responsabilidades domésticas... Este es un aprendizaje fundamental: hacernos cargo de nuestras responsabilidades, sabernos capaces de atender aspectos de la vida que son necesarios para el cuidado propio y de la convivencia con los demás.

A veces sucede, sin embargo, que la vivencia de esta polaridad obligaciones y placeres resulta una persecución entre dos aspectos irreconciliables, viviendo las obligaciones como un lastre que nos resta la capacidad de disfrute y sintiendo una voracidad hacia los placeres como algo que se consume desesperadamente tras el cumplimiento de unos odiosos deberes. En algunos casos, de hecho, el placer se convierte en obligación y el aburrimiento pasa a ser la peor de las situaciones ("¡es mi tiempo libre, no tengo que hacerme cargo de ninguna tarea obligatoria y me estoy aburriendo! ¡qué me pasa!"). En esta persecución juega una parte fundamental la penalización del placer que es tan importante en nuestra sociedad.

Para quitar un poco de peso y facilitar la convivencia entre estos dos aspectos...
- De los deberes... Hay que hacer la compra, tengo que ir a trabajar, hay que estudiar para el examen. Nombrarlo así, el "hay que - tengo que" añade un peso que lo hace todo más incómodo. "Ya, pero es que tengo que hacerlo". Sí, efectivamente pero, ¿qué tal si probamos a verlo como oportunidades de estar a nuestro favor? Voy a hacer la compra, porque voy a buscar los alimentos que me permitirán proporcionarme una buena comida (¡con la que poder disfrutar, de hecho!); voy a cumplir con el compromiso adquirido con mi trabajo o mis estudios porque los necesito. Quizá no resulten satisfactorios y no apetezcan pero en alguna medida son elecciones nuestras (bien de forma directa o formando parte de algún plan mayor).
Cuando no apetece podemos recordarnos que las elegimos. Y podemos descubrir también cuántos de los "hay que - tengo que" los podemos reconsiderar y sustituir por otras opciones más satisfactorias. ¿Tengo que afeitarme?  ¿teñirme? ¿tengo que ir al evento de un familiar lejano con quien no tengo especial afinidad? Quizá sean cosas que no apetezcan en absoluto y se sigan llevando a cabo; el coste de no hacerlas sería más costoso (lidiar, por ejemplo, con las miradas o comentarios ajenos puede resultar muy pesado) y entonces se elige una opción entre las posibles. Quizá nos demos cuenta de que no volveremos a hacer eso que no apetece en absoluto porque el balance va a ser más favorable. Saber que estamos eligiendo nos facilita sabernos responsables de nuestra propia vida, nos empodera.

- De los placeres... Como comentaba al principio del texto, la búsqueda del placer y la evitación del displacer nos permiten sobrevivir. Pero no sólo se trata de eso, que responde básicamente al placer sentido tras satisfacer una necesidad. Tenemos también derecho al placer porque sí. El ser humano es un tanto más complejo que otros animales y no solo necesitamos sino que deseamos. Abraham Maslow distinguía necesidades y deseos porque la falta de atención a las primeras nos hace enfermar y la falta de atención a los segundos nos hace enfadar. Pues tenemos derecho a ser felices y a buscar aquello que nos deleite, nos dé placer, confort y gustito. Merendar helado, cantar y bailar, leer hasta tarde, salir a ligar, aprender nuevas manualidades, hablar horas por teléfono ¡tantas cosas, tantas opciones! De nuevo, como siempre en Gestalt, la prosecución de nuestros deseos es nuestra única responsabilidad.
Sin embargo en muchas ocasiones no es éste el discurso que usamos. No nos hablamos con la madurez de quien elige cómo quiere satisfacerse sino que nos tratamos con dureza y con dosis más o menos altas de culpa. Si queremos descansar más somos vagos; si queremos dos porciones de tarta, glotonas; si nos quedamos en casa haciendo un puzzle en vez de elegir una fiesta en una discoteca, aburridos; si las cañas del aperitivo se juntan con una juerga hasta la madrugara, irresponsables... Basta. Un poco más de cariño hacia uno mismo y una misma. Esas elecciones no tienen el poder de convertirnos en nada más que en aquellos y aquellas que eligen lo que les apetece. Y de ser así, de ser vagos, glotonas, aburridos o irresponsables ¿qué pasa? Pues nada: de nuevo esa será nuestra responsabilidad y la de nadie más.

Estando con niñas y niños podemos escuchar a menudo cosas como porque quiero, porque me da la gana, porque me apetece, porque no, quiero esto, no quiero... Quizá nos parezca rudo, descarado, cuanto menos chocante y nos salga el deseo de corregir. Efectivamente, usar estas expresiones de forma habitual en todos los contextos quizá nos cerrara más puertas de las que abriría. Pero paremos toda esta compulsión de educar y de ser tan razonables y hagamos caso a lo limpio y claro de la expresión de niños y niñas. Aunque sea bajito, aunque sea sólo un pensamiento que no compartamos con nadie digamos: porque me da la gana. Hagamos caso de nuestro deseo y busquemos el placer. Tenemos derecho a ello.




jueves, 28 de junio de 2018

Un espacio de encuentro, un momento para ti


martes, 29 de mayo de 2018

El camino del patriarcado (post antiguo)

por error he borrado esta entrada; la vuelvo a compartir ;)


A poco de que empiece el Día Internacional de las Mujeres...


Un camino trazado, gastado, sabido. Un camino recorrido una y mil veces, un camino que parece que tenemos delante cuando en realidad lo tenemos dentro: desde nuestra más tierna socialización en este patriarcado (que ya está durando demasiado), se ha ido configurando este sendero hasta quedar perfectamente trazado. Sabemos que poniendo ahí nuestros pies estaremos en el camino seguro, lejos de la incertidumbre que vive en las veredas de la senda. 


Siendo hoy la víspera del 8 de Marzo, dedicándome a la terapia y al acompañamiento de niños y niñas (en sus más tiernos años de la infancia) pienso, ¿cuántos de nuestros malestares, de los patrones que nos mueven en la infelicidad, no estarán directamente relacionados con esta sociedad patriarcal en la que vivimos? Durante nuestro crecimiento y socialiación, en las relaciones que establecemos con los demás (especialmente con las personas adultas significativas) comenzamos a poner en práctica, entrenando una y otra vez, las diferentes herramientas y estrategias que nos permiten caminar por la vida recibiendo amor. Amor que siendo niñas y niños llega a través de la atención, la aceptación, la presencia, el encuentro... Niños y niñas que percibiendo que el amor llega condicionado a lo que se espera de ellos y ellas comienzan a usar diferentes expresiones y formas de relación, a jugar unos roles que se irán perfeccionando y que siendo diferentes para cada persona se pueden agrupar sin embargo entre los que se corresponden a lo deseable para los varones y lo deseable para las mujeres. Esos roles se aprenden, se ven, se notan y se validan, construyendo otro sendero nuevo, cada uno el suyo; bien trazado y en los márgenes lo sospechoso. 


Tenemos tan impregnados estos valores, comenzaron a colarse tan dentro y tan pronto en nuestra vida que infinidad de veces al día no los vemos ni en nuestra vida entre adultos y adultas ni en nuestras relaciones con peques. ¿Nos asalta la culpa a las mujeres cuando nos damos prioridad a nosotras mismas (una de esas cosas que vivien en el margen del sendero...) y siendo incapaces de sostenerla volvemos al camino del cuidado del otro? ¿Esperamos lo mismo de los niños que de las niñas? ¿Puede un hombre manifestar su amor hacia un amigo sin temor a burlas o juicios? ¿Nos moviliza igual la expresión de la ternura en los niños y las niñas? ¿Y la ira? ¿Tratamos igual sus cuerpos? Con nosotros y nosotras no lo hicieron, seguro. A veces más evidente, a veces más sutil el mensaje fue calando, reproduciendo un mismo


Afortunadamente, con la lucha de tantas y tantas feministas, el camino quizá tiene otra forma, quizá incluye algo que antes resultaba imposible rescatar de los márgenes. Tomando conciencia podemos favorecer una socialización más respetuosa y plural, en la que el amor siempre esté disponible y no condicionado a los roles que unos y otros debemos representar. 


Contra el patriarcado y por su extinción, entrenamiento y toma de conciencia.  


...si quieres te acompaño en este camino que es tan necesario desandar, con urgencia...


(ya no es la víspera; ya es 8 de marzo. La lucha continúa).

miércoles, 25 de abril de 2018

Autoridad


Siendo unos de los oficios el acompañamiento de peques, son muchas las ocasiones en que me paro a pensar en la autoridad: ¿cómo la vivo? ¿cómo la ejerzo y cómo la ejercieron siendo yo niña? Siendo adulta y cuidadora de peques me coloco en el lugar que me corresponde: autoridad. Y me hago cargo de la misma: decido, limito, permito...

La palabra autoridad es muy pesada y en muchas ocasiones produce rechazo. A mí me pasaba y por no querer nombrarla claramente y ejercerla como tal buscaba adornarla, distraer de la importancia del momento, endulzarla, hacer sugerencias que no eran tales... Los resultados, nada recomendables: amenazas veladas, chantajes emocionales más o menos sutiles, manipulación...

Con el tiempo he visto que autoridad es claridad; como autoridad decido, limito y permito y hago saber esto con la mayor claridad posible: si ya he tomado una decisión, no pregunto y doy opciones sino que informo; si no permito hacer-usar-ir-tratar a alguien o algo de alguna determinada forma, no lo permito; si doy permiso para algo, lo doy sin dobleces, procurando evitar los dobles mensajes (siempre tan confusos...). Después llega la otra parte: la hospitalidad (acogida y comprensión) de la reacción del otro u otra ante ese ejercicio de autoridad. Muy probablemente no esté en absoluto de acuerdo con nuestra postura. Y está en su derecho de mostrar su oposición y de que ésta sea escuchada.

Autoridad como adulta responsable, con toda la confianza que las familias depositan en mí para estar a cargo de niños y niñas dependientes. No es que por ser adulta sea más que ellos; es que como adulta asumo la responsabilidad que me corresponde, y esa pasa por reconocerme como autoridad. Entonces, ¿qué quiero hacer con ella? Me parece una importante reflexión para quienes estamos con peques: ¿cómo queremos jugar esta carta (de la que no nos podemos escaquear)? ¿cómo queremos poner límites, enunciar normas, vivir los ritmos y rutinas cotidianos? ¿cómo les tratamos cuando desobedecen u opinan diferente? ¿cómo de sólida es nuestra autoridad? ¿cómo nos perciben? ¿cuánto de fiables somos? Y reflexionando de forma más interna: ¿Cómo ejercemos la autoridad con nosotras y nosotros mismos? ¿cómo nos tratamos cuando algo no nos sale como queremos? ¿somos flexibles o implacables? ¿estamos a favor de nuestros deseos o quedan en un segundo plano?

La maduración implica dejar de mirar a los adultos para tener una guía de por donde y cómo ir en la vida para pasar a tener un adulto propio, un criterio propio. En la elaboración de éste se desechan algunas cosas, se desaprende, se elige cuáles de las normas y mandatos aprendidos a través de nuestra socialización nos valen y queremos conservar y cuáles ya no nos satisfacen. Podemos observar cómo nos tratamos y cómo nos gustaría hacerlo, responsabilizarnos de nuestra vida y decidir ponernos a favor de nuestra existencia. Quizá nos venga bien algo más de disciplina, o de indulgencia, o de un firme compromiso con nuestros deseos.

Estar en contacto con niños y niñas, haciéndonos cargo de lo que significa ser autoridad para ellos, es una excelente oportunidad para el propio desarrollo y conocimiento. No solo resultará ventajoso para quien reflexiona, sino que repercutirá en las criaturas que tenga a su alrededor. Nuestra vida es nuestra responsabilidad, y en gran medida también la de las niñas y los niños con quienes compartimos la vida.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Uno no puede ser sino lo que es en cada momento

Recordar de pronto una frase de Francisco Peñarrubia leída en "Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil" me ayuda a encajar las piezas del puzzle: "uno no puede ser sino lo que es en cada momento". ¿Qué piezas son esas? El proceso terapéutico y el desarrollo de niños y niñas. ¿Cuál es el puzzle? El desarrollo humano, el despliegue de la persona, el crecimiento... Seres con ritmos, necesidades y herramientas distintas, en permanente desarrollo.

Desde que nacemos hasta el momento presente estamos en constante cambio: todo nuestro organismo se transforma, sin excusa ni tregua, sin perder tiempo. También nuestras necesidades, deseos o prioridades, así como nuestra capacidad cognitiva. Seres en constante cambio que sin embargo no podemos ser algo distinto a lo que somos en cada momento; cada instante cambiará, será sucedido por otro y la situación quizá nos demande otra cosa. En esa nueva situación, de nuevo, no podremos ser nada diferente a lo que somos.

Las piezas las puzzle...
Comenzar un proceso de terapia suele estar motivado por un profundo malestar: la vida se tiñe en muchas ocasiones de bloqueo, frustración, miedo, profunda tristeza, ansiedad, confusión, sensación de pérdida del rumbo vital. Se sabe que hay algo que no termina de funcionar, que las herramientas conocidas y disponibles no resuelven las complicadas situaciones diarias con las que se teje la vida, o no las resuelven de forma satisfactoria. En mayor o menor medida estos ingredientes que producen malestar, sufrimiento y estorban en la consecución de una vida feliz producen también el deseo de cambiar, de ser o actuar de una forma distinta a la conocida, de poder aprenderla inmediatamente. Y eso no es posible, porque "uno no puede ser sino lo que es en cada momento".
¿Qué es entonces la terapia? ¿qué sentido tiene si en cada situación estaremos siendo lo único que podemos ser? ¿no es posible un cambio, una alternativa a lo ya conocido?
Sin duda esa alternativa llega, pero primero y ante todo, el camino terapéutico empieza por un profundo conocimiento propio, de nuestra forma de caminar por la vida, de reconocer las estrategias con que contamos. Y asumir que eso es lo que somos en ese momento. 
El sentido de la terapia radica en el aprendizaje, en el viaje interior; un viaje hacia uno mismo.

Este camino de autoconocimiento a veces puede resultar arduo, doloroso, inquietante... También hay momentos llenos de poder, belleza y gratitud. Para todas las posibles facetas de este caminar es importante contar con el respeto como aliado porque "uno no puede ser sino lo que es en cada momento".

En el proceso de aprendizaje y desarrollo de niños y niñas sucede esto mismo: están siendo lo único que pueden ser en cada momento. Sin duda pueden aprender diferentes habilidades, practicar distintas soluciones y adoptar nuevas actitudes, pero en cada uno de esos momentos, son lo único que pueden ser y recurren a lo que saben que funciona: las oleadas de llanto, la potente rabia, la negativa a compartir, no decir nunca que no, hablar con tono quejumbroso, amenazador o conciliador, el chiste y la risa nerviosa para hacer frente a situaciones de tensión...
Será responsabilidad de las personas adultas que tengan a su alrededor ofrecer alternativas  para que tengan a su disposición un repertorio amplio de herramientas que favorezcan su desarrollo completo, sano, satisfactorio. Y antes de esa oferta de alternativas está el reconocimiento de la validez de las estrategias previas: estas diferentes formas de afrontar la vida han tenido sentido, han sido útiles, les han permitido sobrevivir.


En ninguno de los casos se trata de adoptar una actitud resignada, o eludir la responsabilidad  de buscar distintas opciones cuando son necesarias; se trata de ver y reconocer el punto en el que se está para así saber qué se necesita, qué recursos se tienen y cuáles faltan,  y efectivamente (con todo ese conocimiento) emprender un nuevo camino en el que de nuevo uno no podrá ser sino lo que sea en cada momento. 

¿Por qué repito tantas veces el título? Porque teniendo en cuenta que, tal y como repite mucho una amiga mía, hacemos lo que podemos, soltaremos un poco de carga de la mochila de la exigencia, la expectativa, la culpa y el castigo. Mejor nos irá (tanto siendo los protagonistas del camino terapéutico como acompañantes del proceso de desarrollo de alguno o varios peques) si tenemos una mirada amorosa, curiosa y paciente hacia quienes aprenden algo nuevo.

Respeto absoluto a los procesos de desarrollo, sean de adultos que buscan una vida más satisfactoria, sana y plena o de peques que conquistan columpios, comparten juegos con sus iguales y aprenden a atarse los cordones.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Niñas y niños de su presente

Se suele decir que las niñas y niños de hoy son el futuro. Y esto es un sí, y es un no. Niñas y niños lo son de su presente, es su día a día lo que les pertenece. A todas las personas nos pertenece nuestra cotidianidad, pero a los adultos se nos difumina entre los quehaceres, las planificaciones, los recuerdos y el estrés. Nos desconectamos. A las niñas y a los niños aún no les sucede tal cosa: viven en su presente, un instante sucediendo a otro.

Sin duda, si la vida puede seguir transcurriendo, estas criaturas disfrutarán de su futuro. Y seguirá siendo principalmente eso, suyo. Formarán parte de diferentes grupos, de una sociedad, de una o varias familias... Lo harán de la forma que elijan, en la medida que puedan. Con las actividades que desarrollen en diferentes ámbitos tendrán repercusiones en la vida de otras personas, quizá en la organización y economía de los estados a los que pertenezcan, en la transmisión de los valores sociales y culturales a siguientes generaciones...
Y siendo cierto de que formarán parte de la sociedad futura, a veces nos olvidamos de su presente, de su día a día, de cada uno de los momentos que viven intensamente. Tanto nos fijamos en su participación en la vida de los próximos años que muchas veces les ponemos una carga enorme a su espalda: son el futuro, son la esperanza. Cuando decimos esto, ¿de qué estamos hablando? ¿Estamos hablando de que nos paguen las pensiones o de que establezcan relaciones respetuosas, cuidadosas y honestas? ¿Nos referimos a que se hagan responsables de nuestras vejeces y nuestras enfermedades? ¿O estamos queriendo eludir nuestra responsabilidad en el necesario cambio de sociedad, pretendiendo que sean ellas y ellos quien, en su futuro, lo hagan?
Dejando de verles presentes y fantaseando en cómo formarán parte de la sociedad del mañana, les responsabilizamos con algo que no están eligiendo. De tanto pensar en ese futuro, no nos permitimos acompañar su día a día a través de su mirada, pendientes de su ritmo... y les vamos aleccionando para que aprendan a formar parte de algo que aún ni siquiera conocen.

Estoy plenamente convencida de que realizar un cambio en los patrones sociales y culturales es imprescindible; es una responsabilidad de las personas adultas, no de niñas y niños, y es además una responsabilidad ineludible teniendo en cuenta el panorama actual: vivimos en un mundo donde se vulneran los derechos humanos constantemente, se desprecia y descuida la naturaleza, fomentamos un ocio de consumo, naturalizamos la violencia en las relaciones, nos desconectamos de nuestra propia vida emocional y corporal para entrar a formar parte de la cadena que perpetúa todo esto. Es momento (siempre lo es) de poner conciencia a cómo nos relacionamos, cómo vivimos, y de pararnos a ver si llevamos la vida que queremos. De la misma forma en que decía que las niñas y los niños tienen derecho a vivir su presente, las personas adultas tenemos el derecho y la responsabilidad de vivir el nuestro. Nuestra vida es nuestra responsabilidad.

Por otro lado, asumiendo la posibilidad que serán ellas y ellos quienes construyan el futuro de los seres humanos, ¿les estamos dando efectivamente herramientas o modelos para que puedan hacer un cambio en la sociedad? Somos las adultas quienes presentamos el mundo a los pequeños y...
... si ofrecemos la televisión sin filtro (con su información sesgada, su publicidad, sus modelos de relación en series y películas), conectada permanentemente;
... si chantajeamos o premiamos con la alimentación como "herramienta educativa";
... si no nos paramos a escuchar con interés que se aburren en el colegio, o que allí no se sienten bien, o que no entienden qué hacen allí;
... si nos burlamos cuando se caen, o no dejamos que se caigan nunca;
... si confundimos autoridad con autoritarismo, o amor con permisividad;
... si somos incapaces de acompañar sus procesos de desarrollo sin dirigir cada uno de sus pasos, sin castigar sus deseos, sin validar sus opiniones;
... si no somos capaces de poner límites o sostenerlos;
... ¿qué futuro crearán? Seguramente no difiera mucho de este presente enfermo en el que estamos, del que nos quejamos y queremos que ellos cambien porque para nosotros ya es muy difícil. Ellos y ellas que aún no están condicionados, que son más puros, seguro que lo tienen más fácil. Como en cualquier caso tendrán su propio proceso de socialización de la mano de las personas adultas que tengan alrededor, ¿qué tal si somos nosotras y nosotros quienes realizamos una reflexión, una toma de conciencia? ¿qué tal si les proveemos de herramientas y modelos que permitan otra vida?
No es cuestión de realizar clases magistrales de cómo debería ser el mundo, sino de cuestionarnos, de parar a pensar y elegir, cada día, formas de relación que favorezcan la felicidad y el desarrollo de cada una de las personas inmersas en dicha relación. Somos responsables de favorecer un entorno que facilite un despliegue de toda su persona, con salud, con amor, con autonomía, con respeto. No hay necesidad de mirar al futuro; reflexionando y eligiendo qué presente queremos, cómo queremos vivir y compartir, cómo nos queremos comunicar en cada momento, ya estamos cultivando para el mañana.

Todo eso sucede hoy, el camino siempre empieza ahora.